Mi lugar sin límites

Hubo una época en que el Barrio Antiguo no era tierra de Zetas, se podía andar en él y divertirse, y en 1993 el lugar más alternativo era el Skizzo en Matamoros entre Doctor Coss y Diego de Montemayor, donde uno bailaba desde Allways in my Mind de Pet’s shop Boys hasta Here Comes You Man de Pixies, pasando por Disorder de Joy Division.
A huevo que vendían drogas y la única diferencia es que no había una pelea encarnizada por la plaza como ahora.
En el Skizzo hallé mi "Stand in Place When I Live" como dice REM, versión con música alternativa del Bar de Max, el Paraíso o cualquier otro tugurio que se respete en la largas noches regiomontanas.
Con mis primeros 20’s a cuestas me sirvió de refugio finsemanero en el inter de la universidad y un jale sin responsabilidades como Lester Burnham, personaje de Kevin Spacey en American Beuty (Sam Mendes 1999), en lo que mis hermanas concluían sus estudios técnicos, una secretaria en el Instituto Linda Vista, otra de Técnico Laboratorista que le sirvió para encontrar marido.
Ahí caía con uno que otro compañero de Transportes Frontera que igual a mí, se hallaba rodeado de rangers por nacimiento, o por compañeras que un modelo gerencial que aplicado a mi padre y sus compañeros en 1986 los lanzó al desempleo porque el machismo decía que las viejas no roban o son menos corruptas.
Pero la equidad de género los puso en su lugar porque Maura si lo hacía, como el resto de las boleteras de Transportes Frontera, Transportes del Norte, Águila, Blancos, Futura, Turistar y demás marcas que la hegemónica empresa Estrella Blanca ostentaba previa al error de diciembre de 1994.
Con sus piscas (desfalcos a la taquilla de la línea de autobuses por el tipo de cambio, ferias no otorgadas o arreglos con operadores para no registrar al pasajero) Maura nos pagaba a Román y and my self tres rondas de cheves a 10 nuevos pesos cada una, un robo en un antro noventero.
Los fines de semana Roman, Maura y yo nos íbamos al Skizzo mientras otro compañero apodado La Chona por ser nativo de ese pueblo del sur de Nuevo León que reclama para si mismo la cabecera del municipio de Aramberri, se iba con a un congal donde se enamoró de una prostituta de las que por 10 nuevos pesos bailaban para ponerse de acuerdo en la tarifa del coito.
El slam en medio de Para que no Digas que No Pienso en Ti de Caifanes, seguir a tu ritmo Last of The Famous International Playboy de Morrissey, Born of Frustation de James 1992 y siempre te anunciaban que el horario de cierre 02:00 (es neta respetaban el horario) llegó con una balada de Barry Manilow.
Al salir caminábamos por la Macroplaza hasta Padre Mier, que en esos años era una trinchera para introducir la Línea 2 del metro, hasta hallar un puesto de tacos o de hot dogs abierto y esperar a que pasaran los camiones, todos trompudos y sin la tarjeta feria obligatoria, para ir casa.
También me acompañó Juan Mijares, uno de mis mejores amigos, quien me prestó un saco que me quedaba grande para la entrevista de ingreso a la Facultad de Ciencias de la Comunicación, y su primo José Luis quien huyó de Guanaceví, Durango para no acabar de campesino como su padre.
José Luis no entendía por qué a Juan y a mí nos gustaba Morrissey, The Cure, Depeche Mode o U2 pero se dio la oportunidad de entenderlo y en el Esquizzo era más divertido sobre todo cuando veía al dealer del antro, con Look del David Gahan de Song of Faith and Devotion terminar su Tecate rojo (no había de otros) mordiendo la lata.
-Este vato, come latas.- decía emocionado mientras nos terminábamos nuestras cheves.
Enigüey, hoy el Barrio está desierto, Los Zetas y la indolencia de administraciones como la de Adalberto Madero (quien todavía tiene el descaro de decirme que los panistas le tiene miedo por su popularidad y no a su corrupción) se lo acabaron.
El Skizzo aún abre sus puertas en el 935 de la calle Matamoros, en el Barrio Antiguo, es un antro donde tocan desde electrónica hasta acid house, pero tanto el antro como el Barrio están lejos de ser un lugar mejor de lo que fue en los 90’s aunque siguen siendo ejemplo de un lugar sin límites.






